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Publicado el 19 de abril 2022

Latinoamérica: entre la recuperación económica y el control de la inflación

Inflación y economía latinoamericana

Si bien el 2021 implicó un sobrecalentamiento de la economía en términos de estímulos fiscales y monetarios para promover el consumo de los hogares, en pleno 2022 la alta inflación que se percibe a nivel mundial no corresponde únicamente a un exceso de demanda, pues han sido los choques de oferta enmarcados por el conflicto entre Rusia y Ucrania y la política de Cero Covid en China, los que han generado desbalances aún mayores.

De esta forma, las perspectivas del comercio mundial han sido revisadas a la baja por la Organización Mundial de Comercio, dadas las sanciones a Rusia y la alteración del comercio marítimo nuevamente ante el confinamiento en China.

Se estima entonces, que el volumen de comercio de mercancías crecerá 3% en el 2022, frente al 4.7% proyectado previamente en medio del deterioro de la producción y las dificultades que atraviesa el comercio mundial.

En línea con lo anterior, los pronósticos del crecimiento económico que se tenían para este 2022, esperando la reactivación en todos los frentes tras dos años de pandemia, se han visto igualmente ajustados a la baja ante los impactos de la guerra.

Así, el Banco Mundial bajó su pronóstico de crecimiento económico para Latinoamérica y el Caribe, de 2.6% a 2.3%, ya que, aunque se espera que el aumento de los precios del petróleo favorecerá a la región en un principio, también se prevé que el efecto neto sea contractivo, afectando al Caribe y a los países que no exportan petróleo.

Si entramos en detalle en los países donde tenemos presencia de Latinoamérica, vemos que, en el caso de México, Banxico continúa incrementando su tasa de política monetaria, actualmente en 6.50%, esperando que ésta llegue a niveles del 8%.

Respecto al crecimiento económico, se estima que el PIB sólo alcanzará 1.8% en el 2022, incluso podría verse aún más presionado de implementarse el tope de alimentos al no ceder la inflación, en donde se observa que la inflación anual de marzo se ubicó en 7.45%, soportado también por los flujos adicionales que recibe el país ante el fuerte incremento en el precio de los commodities.

En el caso de Perú, el Banco Central de Reserva del Perú, en su reunión de marzo decidió realizar un nuevo incremento en su política monetaria de 50 puntos base, llevándola a un 4%, por lo cual, prevemos más incrementos en lo que queda de este 2022, llegando a una tasa de alrededor del 5.5%; mientras que en su crecimiento económico, esperamos que la economía peruana se expanda un 3%, ya que la apertura ha representado mayores ingresos en restaurantes y alojamientos.

En Chile, la aceleración de los precios  alcanzó en marzo una inflación anual de 9.4% , lo cual ha llevado al Banco Central a subir las tasas a un 7% y se estima que ésta pueda llegar incluso a un 8.5% si la inflación continúa al alza.

En cuanto al crecimiento económico, sus resultados confirman la desaceleración que experimenta la economía local, ya que el indicador en el mes de marzo se ubicó en una variación del 6.8% respecto al mismo mes del año anterior, lo cual representa la menor lectura en los 11 meses recientes.

Para  Colombia, igualmente su Banco Central continuó con su ciclo contractivo incrementando la tasa de referencia en 100 puntos básicos, por debajo de las expectativas del mercado (+150 pbs), teniendo en cuenta la inflación registrada del mes de marzo de 8.53% a/a, contribuyendo principalmente el alza en los precios de los alimentos, bebidas, alojamiento y servicios públicos.

Respecto al crecimiento económico, el indicador ha perdido ritmo en relación con su desempeño de los últimos meses, ubicándose por debajo de las expectativas de mercado. No obstante, las perspectivas de crecimiento de este país para este año se ubican por encima del promedio de la región.

Ejemplo de esto es la corrección de las proyecciones de crecimiento que hizo el Banco Mundial, pasando de un 4.1% a un 4.4%, sujeto al ritmo de recuperación que transcurra este año.

Finalmente, en Uruguay, el pasado 7 de abril tuvo lugar la reunión del Comité de Política Monetaria, en el cual se resolvió subir la tasa en 125 puntos básicos, desde 7.25% a 8.5%, teniendo en cuenta la inflación anual de marzo del 9.38% y la necesidad de anclar este indicador al rango objetivo.

Ahora, si analizamos que está sucediendo a nivel sectorial en la región, vemos que el sector agropecuario se ha vuelvo un eje central en el desempeño económico de los países de Latinoamérica, ya que la alerta por los insumos agrícolas y la inflación ha representado presiones para las empresas que dependen del consumo básico, principalmente alimentos, ya que en el caso de México la mayoría tienen una exposición relevante en su estructura de costos a maíz y trigo, mientras que Perú se había visto perjudicado por los incrementos en la soya y el trigo.

En el caso de Colombia, el 30% de los insumos agropecuarios provienen de Rusia y Bielorrusia, lo cual ha representado incrementos elevados en los productos terminados y la necesidad de buscar proveedores alternos. Sin embargo, en Chile hemos observado resultados positivos en compañías de servicios y consumo, principalmente supermercados, mientras que la industria y minería ha tenido contracciones.

Con este panorama, y ante los diferentes escenarios que se presentan en los diversos sectores económicos, se vuelve más relevante crear puntos de encuentro para aprovechar el acceso a los mercados internacionales de manera selectiva, permitiendo la desviación del comercio hacia acuerdos regionales que aseguren la fortaleza de Latinoamérica en épocas de coyunturas, además de la necesidad de fortalecer la producción local.

Queda en evidencia que más allá de la tendencia de altas tasas de interés para controlar la inflación, con la ruptura de las cadenas de abastecimiento, a la par, será vital cuidar el desempeño económico de los países y la inversión en los sectores que requieren grandes transformaciones, para afrontar las nuevas necesidades que ha traído la guerra, las secuelas de una larga pandemia y para desarrollar nuevas oportunidades de inversión a largo plazo, basadas en estos cambios.